Tras el reciente fallecimiento de nuestro Santo Padre el Papa Francisco, muchos se preguntan cómo elige la Iglesia al próximo Papa. Hoy exploramos ese proceso, con ayuda de los recursos de la Conferencia Episcopal de los Estados Unidos (USCCB) (www.usccb.org).
Ante todo, la respuesta verdadera es simple:
El Espíritu Santo.
Tras la partida de nuestro querido Papa Francisco, confiamos profundamente en que Dios proveerá una vez más, llamando a un nuevo servidor para ocupar la Cátedra de Pedro, un pastor para su pueblo.
Entonces, ¿cómo se desarrolla este proceso en la práctica?
Cuando un Papa muere (o renuncia), el gobierno de la Iglesia pasa al Colegio Cardenalicio. Su responsabilidad principal es elegir al próximo Papa a través de las congregaciones generales y, finalmente, la elección papal conocida como el cónclave.
Cuando llega el momento, los cardenales electores, aquellos menores de 80 años, procesionan hacia la Capilla Sixtina, hacen un juramento de absoluto secreto y comienza el cónclave. Cuatro rondas de votación se realizan cada día hasta que un candidato obtiene una mayoría de dos tercios. Si nadie la alcanza, las boletas se queman produciendo humo negro. Cuando un cardenal recibe los votos necesarios y acepta, las boletas se queman con químicos que producen humo blanco, anunciando al mundo: ¡Tenemos Papa! (“Habemus Papam!“)
Te invitamos a orar por los cardenales mientras entran en este tiempo solemne, uniéndote a nosotros en Tabella para rezar una novena especial por la elección de nuestro próximo Papa: escúchala aquí.
🙏 ¡Ven, Espíritu Santo!