El 12 de agosto de 1591 nació en París una niña que un día cambiaría el mundo, no con riquezas ni fama, sino con humildad, perseverancia y amor. Esa niña era Santa Luisa de Marillac.

Una vida transformada por el amor y la pérdida

Desde joven, Luisa se sintió atraída por la vida religiosa, pero el plan de Dios la llevó por otro camino. Se casó con Antoine Le Gras, con quien tuvo un hijo. La muerte de Antoine en 1625 marcaría un punto de inflexión en su camino espiritual, llevándola a conocer a San Vicente de Paúl.

Una amistad santa: Santa Luisa y San Vicente de Paúl

Juntos, cofundaron a las Hijas de la Caridad en 1633. En una época en que la mayoría de las mujeres consagradas vivían enclaustradas en conventos, Luisa y Vicente hicieron algo revolucionario: formaron a mujeres para vivir entre los pobres y servirlos directamente.

Un legado que perdura

Santa Luisa falleció el 15 de marzo de 1660. En 1960, el Papa Juan XXIII la declaró patrona de los trabajadores sociales.

Su mensaje para nosotros hoy

Santa Luisa nos enseña que la verdadera amistad está arraigada en la fe, y que cuando colaboramos por el Reino, suceden grandes cosas.

Oración por las obras de servicio

Oh Dios de bondad, Santa Luisa entregó su vida para ayudar a San Vicente de Paúl a servir a los pobres. Solía enseñar: “Sean diligentes en servir a los pobres. Amen a los pobres, hónrenlos, como honrarían a Cristo mismo.” Enséñame a pensar con generosidad. Ayúdame a ver a Jesús en cada persona que pide limosna en la esquina o en la puerta de la iglesia. Amén.

Haz clic aquí para escuchar la lista de reproducción creada en su honor. Santa Luisa de Marillac, ruega por nosotros.